sábado, 4 de mayo de 2024

Modelos de docentes de religión

Tenemos que descubrir algunos rasgos más característicos del docente de religión. Y aquí, todos los profesores de religión no son iguales. Aunque pueda considerarse exagerado podemos descubrir tres modalidades diferentes de docente de religión clasificadas en cuanto a la relación personal con la verdad religiosa: 

    • El docente que profesa un pensamiento que refleja la verdad. Hay que decir solamente aquello que sea doctrinalmente ortodoxo, garantizado por la autoridad de la Biblia y el Magisterio. La autoridad es importante, pero, enseñar solamente con este principio es muy difícil actualmente y no muy correcto. El discurso puede quedarse en no te preocupes en buscar la verdad, ya la tenemos; no te preocupes en discernir, nosotros te la hacemos; lo que te dice la autoridad es lo bueno y lo malo lo que te prohíbe. Es una mentalidad apologética anclada en las certezas, y en el fondo insegura. Muchas veces estos profesores lo pasan mal porque descubren que otros alumnos tienen otras verdades. Es una forma de ser poco dispuesta al diálogo y a la mediación. No es la forma más adecuada para un profesor de religión que también tiene necesidad de aprender. 

    • Está también el docente de religión que no parte de síntesis prefabricadas, sino que, más bien analiza los fenómenos, estudia los casos, compara sistemas, se escucha a sí mismo y escucha a los demás. Es un profesor buscador de la verdad, más atento al fluir de la vida cotidiana, más atento a lo que sucede, a escuchar los signos de los tiempos, abierto a lo que dicen sus alumnos que ve de manera positiva la dimensión emotiva y afectiva de la relación educativa. Si la escuela es un lugar prioritario de educación crítica y sistemática, si el profesor no está en condiciones de funcionar como filtro crítico y filtro ético, no puede ser un buen profesor de religión. 

    • Un tercer caso de tipología de profesor de religión es aquel que fundamentalmente transmite a partir de su propio estilo de vida más que desde una argumentación discursiva; tiende a poner su persona como garantía. Es una persona auténtica. es una persona coherente. Para un profesor de religión, la coherencia entre palabra y vida es un imperativo, pues la sociedad le considera como quien hace de los valores religiosos una profesión. Esto no quiere decir que solo es suficiente con el testimonio ejemplar, sino que es también ejemplar una adecuada competencia profesional. 

A veces, el único mérito que tiene un profesor es «ser una buena persona», «es una santa mujer», «es un hombre de iglesia», etc. y no solamente consiste en la rectitud moral sino también tiene que tener una buena preparación profesional. Si ya es difícil el reconocimiento del profesor de religión, si el mismo profesor no tiene una buena preparación tanto cultural como pedagógica el desprestigio de la asignatura es mucho mayor.

Tomado del libro "El profesor de religión. Identidad, perfil y formación". Autor: Dr. José María Pérez Navarro.



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